top of page

¿Cómo no perder la voz en un mundo donde todo suena igual?

  • 10 feb
  • 3 Min. de lectura
luzortiz.ph

Observando un poco el flujo de información del que disponemos, el infinito número de herramientas que ayudan a agilizar nuestros procesos de creación y la acumulación de conocimiento que parece ser insaciable, hay algo que me inquieta; me pregunto, qué está pasando con nuestra propia inteligencia y con nuestra creatividad. No con nuestra capacidad de producir, sino con nuestra capacidad de crear.


Solo basta con pedirle a cualquier herramienta IA que escriba por nosotros, que diseñe y cree imágenes, que clone nuestra voz, o que nos clone completamente, que reviva a nuestros muertos, que haga música, o que nos de terapia… 


Y no digo esto desde el rechazo, sino desde una observación crítica. Yo también exploro a través de muchas herramientas IA que me parecen útiles y prácticas, pero me incomoda pensar que no solamente estemos delegando nuestras tareas a la inteligencia artificial, sino también nuestros procesos internos. Me incomoda que estemos renunciando al recorrido creativo, y que no nos permitamos atravesarlo para que también nos atraviese a nosotros, me incomoda que anulemos ese acto sagrado, del cual brota nuestra autenticidad. 


Y entonces me pregunto: ¿Qué pasa con nuestra esencia cuando dejamos de involucrarnos en lo que creamos? ¿A dónde se va la creatividad en el momento en que se le da más importancia al resultado que al proceso?


En realidad, no siento que el problema sean las herramientas tecnológicas, sino la manera como las estamos usando. Hemos confundido inmediatez y acumulación de conocimiento con creatividad e inteligencia. Hoy sabemos mucho, leemos mucho y consumimos mucho, pero ¿Cuánto de todo eso se transforma realmente en comprensión? ¿Cuánto de todo eso se transforma en vivencia encarnada?


La filosofía platónica de la reminiscencia, nos dice que conocer no es solamente adquirir algo desde afuera, sino que se trata más bien de recordar esa inteligencia que ya habita en nosotros. En ese sentido, el conocimiento se sustenta más por la experiencia sensorial que por la acumulación de saberes. Conocer desde esta mirada, no es llenar una mente vacía, sino despertar ante nuestra propia inteligencia. Esta idea, traída a nuestro tiempo, me parece más vigente que nunca. 


Porque cuando todo está disponible de inmediato, porque cuando las respuestas llegan antes de que formulemos bien las preguntas, corremos el riesgo de olvidar que la inteligencia no es solo saber cosas, sino relacionarnos conscientemente con lo que emerge en nosotros, que la creatividad no nace de la acumulación, sino del contacto, del silencio, de la duda, del no saber y de la frustración.


Siento que crear desde la conciencia implica algo muy distinto a producir. Implica habitar un proceso creativo desde adentro. Implica escuchar lo que se mueve en nosotros mientras creamos. Implica darle voz a eso que escuchamos. Implica permitirnos no entenderlo todo, sentir incomodidad, cambiar de idea, ir lento. Implica dejar que el resultado se revele a través nuestro antes que forzarlo.


En ese sentido, crear en conciencia es estar presente en lo que hacemos, es permitir que ese proceso nos transforme a nosotros primero antes de ofrecer algo al mundo, porque cuando no hay experiencia interna, lo que se crea puede sonar bonito o parecer correcto, pero carece de vida. Y creo que ahí está la diferencia entre repetir y crear, entre sonar bien y sonar humano y verdadero, entre usar una herramienta y desaparecer dentro de ella.


No se trata de dejar de usar la tecnología, ni de idealizar un pasado sin pantallas. Se trata de no delegar a una herramienta que está a nuestro servicio, lo más valioso de nosotros: nuestra capacidad de sentir, de cuestionar, de recordar quiénes somos mientras creamos. Nuestra capacidad de permitir que la inteligencia sea un proceso vivo, y no solo un rendimiento medible.


Tal vez no perdamos la voz por usar herramientas externas, pero sí por dejar de escucharnos. Tal vez el acto más revolucionario hoy no sea producir más, sino crear desde adentro, sin anestesiar la antesala de la incomodidad que da nacimiento a lo nuevo.  Y eso —al menos por ahora— sigue siendo profundamente humano.

 
 
 

Comentarios


©2026 por Luz Ortiz  | Fotografía & Autoconocimiento

  • Instagram
  • Facebook
  • Pinterest

Bogotá, Colombia

bottom of page